Rosa desbocada

Rosa desbocada
Ana María Iza
Edición especial
(Homenaje póstumo)
p.p. 274
2017

Contraportada

Para reconocer el bosque que somos no hace falta más que cruzar el mundo cotidiano con el tiempo. Eso ha hecho Ana María Iza en La rosa desbocada de su poesía. Los objetos que la rodean multiplican su significado en el presente de una casa al convertirse en recuerdo. Nace así el lirismo de una cotidianidad simbólica, de una fábula vestida de diario. La poesía se reconoce que es una ignorancia inteligente, un modo de avisarle al yo que no sabe lo que dice cuando dice yo.

Desde el principio hasta el final nuestra identidad se parece a una maleta que se abre y se cierra. El viento dobla en ella sueños perdidos, imágenes, compañía, sillas que se van quedando vacías, amores y odios hasta conformar el bosque que somos, el insomnio que nos visita cada noche, Ana María Iza busco en la poesía la manera de ordenar ese bosque, no se miró en el espejo, sino en la tinta. Dejo que en su soledad entrase la vida a ráfagas, el saber de la muerte que convive con la memoria, y se entregó a la herida redonda de sus versos. 

Luis García Montero