Acariciar delirios de Alfonso Bravo

Acariciar delirios
Alfonso Bravo
p.p 109
2017

 

Alfonso contra ataca
La palabra como lugar del exceso y las quimeras

Por: Jorge Luis Bustamante Álvarez

Pero de mí no te fíes,
pues si duermes,
en el sueño de amor habrá confesiones.
 
Alfonso Bravo

En este libro habitan “los alfonsos”, indudablemente está el Alfonso psicoanalista que se deja ver entre versos, el Alfonso Pink Floydiano, que descubre al lado oscuro de la luna  y por su puesto el Alfonso amante del Barcelona, que de día vivirá, pero sobre todo este nuevo Alfonso poeta que va desnudando un lenguaje necesariamente transgresor y profundo.

Este libro de poesía que se divide en una suerte de ocho cuadernillos guarda entre sus hojas misterios e incertidumbres, se deja sentir como el tacto de un recién nacido, como la primera vez que tocamos el mar y nuestra piel se eriza, como la soledad que queda después del día de oficina.

El poeta nos dice: “Por eso las camas no son lenguas muertas, ni lo clandestino es una quimera” dividido en discursos sociales, vueltas hacia el uno mismo que somos, dejando a rienda suelta la ironía, el dolor y la nostalgia hay una mujer de por medio en los versos de Bravo.

Es cierto que en el discurso del amor siempre existirán lugares comunes, el malestar, la nostalgia, el humor que enfrenta al dolor, el erotismo, la exaltación. Y es verdad también que siempre cuando comenzamos a hablar ya sea de política, de religión, de los buses y sus peripecias para rebasar al tráfico, terminamos hablando de amor.

Sobre este amor descansa la idealización de ese objeto amado y la premonición del vacío, esa especie de halo que nos empuja a preguntarnos ¿qué será?, esa manera de hacer y de hacernos imposibles ante ese objeto amado, de hacernos trizas y recogernos en pedazos, o hacernos simplemente palabra. El libro de Alfonso Bravo se vuelve el lugar preciso donde reposan estas exaltaciones, este lugar de excesos y de absurdos, de imposibles y quimeras, de mentiras sensatas, como diría el cantautor Javier Krahe. Este sitio en donde los lugares comunes se han vuelto poesía y el autor se desnuda ante la imposibilidad.

Es en la metáfora en donde se encuentra el contacto con el sentido del no ser, de lo que no pasó, del deseo en sí. Y en los versos de Bravo se distingue esta capacidad de engañarnos, de dejarnos preguntando que siguió después, será esto cierto. Como diría Joaquín Sabina: La verdad es solo un cabo suelto de la mentira y Alfonso lo sabe muy bien.

Mantengo varios romances, casi todos son conmigo, me recuesto, me abrigo, a ver si así tengo chances, dice el autor. En la poesía de Alfonso dialogan la ironía, el recuerdo, la memoria y el humor. Es una especie de explosión que no se encuentra comúnmente al abrir cualquier tipo de poesía. En algunos versos, prosas y relatos se deja leer esa astucia del autor, por ejemplo cuando dice: La diferencia entre una silla tántrica y un diván, es que en la una se practica el sexo, en el otro se habla de él.

No hay duda que este libro nos invita a ser leído desde sus primeras, nos abraza con la palabra, dando a entender como esta se vuelve un sitio del cual no podemos escapar, creando este azar en cada verso en donde podemos encontrar a nuestra subjetividad, identificarnos en ese discurso, habitarlo.

La poesía sin duda posee lugares comunes porque indudablemente está inscrita en un discurso de lo cotidiano y la labor del poeta es transformar a estos lugares comunes en algo que trascienda o transgreda a lo políticamente correcto, aquí se encuentra Bravo, luchando en ese territorio de la costumbre para hacerlo algo más, para transformarlo, deshacerlo y volverlo a construir. Alfonso, que la fuerza te acompañe.

 

Selección de poesía

Retornos

Apostemos que la infancia no se mata con los años,
que los niños que ahora juegan, con botones, con encierros,
no se olvidan de la bola, de las llantas y sus perros,
apostemos que al futuro se lo llena con antaños.

Apostemos que la vida retrocede con el tiempo,
que el amigo envejece cuando el recuerdo se ha ido,
cuando la bronca y los brindis son tragados con olvido,
apostemos que la vida, es travesura y templo.

Apostemos que el pasado es un paso adelante,
que el presente es una vuelta a las juergas y sonetos,
el retorno a los caminos, chaquiñanes, vericuetos,
apostemos que un amigo es un destino constante.

Y ahora apuesto a los míos, que sorprenden y que abrigan,
los que lloran y han reído, sin pregunta ni medida,
se divierten y se enfadan, al regreso y a la ida,
los que dicen que un mañana es memoria y me lo digan.

Es a ellos, los del barrio, coros, letras y bebida,
los del cielo, de la tierra, de distancia y cercanías,
los que siento a mi costado, en uno más de mis días,
los que arden en mi muerte como parte de mi vida.

La costumbre del cadáver

Que del pecho solo arcada,
pues vomita mis suspiros,
que el mundo se cae a tiros,
solo hay muerte en emboscada,

hoy respiro podredumbre,
en el cielo un color rojo,
en la tierra mi despojo,
en mi amar solo hay costumbre,

la costumbre del cadáver,
la paciente decadencia,
que me envuelve con su esencia,
que me hace más estable.

Veo luz, sin fin ni túnel,
más mi carne va dejando,
un pedazo por peldaño,
y mi sangre todo cubre.

No te encuentro, y me he encontrado,
a la sombra de algo inerte,
ojalá, con mejor suerte,
que esta vida hayas salvado.

Coitus interruptus

Mantengo varios romances,
casi todos son conmigo,
me recuesto, me abrigo,
a ver si así tengo chances.

Ni un Tomás, menos Teresa,
levedad insoportable,
despiadada, poco amable,
de un ser ya con pereza,

de tu ser quiero contarte,
con un toque una caricia,
de mujeres la delicia,
su millonésima parte.

Pero el rumbo sigue incierto,
más que un juego imaginario,
Casanova en solitario,
miembro erecto de algún muerto,

con el réquiem al destino,
mientras hiede podredumbre,
dice adiós, como es costumbre,
el intento libertino.