Premio Internacional Poesía en Paralelo Cero 2018

VEREDICTO DEL CONCURSO INTERNACIONAL DE POESÍA PARALELO CERO 2018

Quito, 30 de diciembre de 2017

El Jurado del Premio Internacional de Poesía Paralelo Cero 2018, conformado por cinco poetas de reconocida trayectoria en el mundo de las letras hispanas: Raquel Lanseros de España; Alex Lima de Ecuador; Lizette Espinosa de Cuba, Jorge Gomez de Ecuador (Premio Nacional Paralelo Cero 2017) y Juan Carlos Olivas de Costa Rica (Premio Internacional Paralelo Cero 2017), luego de haber realizado una atenta y detallada lectura de los 76 libros inéditos presentados a concurso, escogió 21 libros como semifinalistas. Y más tarde redujeron el grupo a los 6 finalistas siguientes:

ALMANAQUE BRISTOL de PIERRE POLI
BAJO EL CIELO CENIZA de THE LU
CUARTETO ELEMENTAL de SIVITSI SIERRA
EL ABISMO DE LOS DEDOS de PAUL VARJAK
MI CUERPO AJENO de FILOMENA GUERARDI
SENTAR LOS MUERTOS A LA MESA de ROBINSON CRUSOE

El Jurado evaluó los libros escogidos y luego de una reñida y ajustada selección, resolvieron lo siguiente:
Otorgar el Premio Paralelo Cero 2018 al libro Cuarteto elemental de Sivitsi Sierra
Otorgar una Menciòn de honor especial al libro Bajo el cielo ceniza de The Lu, que terminó como primer finalista del concurso.

A decir del jurado:

Cuarteto elemental, mantiene una coherente unidad estructural como poemario al tomar de forma lúdica los elementos como excusa para ir forjándose un universo propio, profundo y muy original, donde las imágenes son acertadas ya sea en frases cortas cargadas de emotividad o en poemas de largo aliento escritos en prosa. El poeta, va guiando al lector en cada texto, y lo hace reflexionar ante la presencia inexorable de la muerte, el devenir de las ciudades imaginadas, la casa del hombre donde habita el vacío, la memoria de las piedras, el amparo de las hojas que agita el caminante. Cuarteto Elemental es una apuesta por la nostalgia y esos no lugares donde pretendemos volver. Posee una fuerza verbal difícil de obviar y una plasticidad que nos logra atrapar desde los primeros versos.

Por otra parte, sobre el libro del primer finalista, en opinión del jurado: 
Bajo el cielo ceniza, es un poemario finamente hilado que se instaura dentro de la tradición del neobarroco. Entrelaza personajes con locaciones e imágenes desbordantes y metáforas siderales.

Una vez abierto el archivo de datos, el autor ganador es HÉCTOR CAÑÓN HURTADO, de Colombia.

Bogotá, 1974.

Poeta y comunicador. Se ha perdido en recovecos de América Latina y Medio Oriente con lápiz y papel en mano. Ha escrito para los principales periódicos y revistas de Colombia y también del estado de Guanajuato (México). En 2013 fue asesor del Diario La Prensa de Honduras. Fue finalista del concurso de cuento “El Brasil de los sueños (2008)”. En 2009 ocupó el segundo puesto en el concurso de Conservación Internacional con un reportaje ambiental sobre especies en vías de extinción. Su texto “De primerísima mano” fue seleccionado en la antología de crónica bogotana (1986-2006), editada por el Instituto Distrital de Cultura y Turismo, en la colección de Libro al Viento. Es autor de los libros de crónica “En la intimidad de sus bibliotecas” y “Hazañas colombianas” de Editorial Norma (para la que también trabajó como editor ) y de los poemarios “Los Viajes de la Luz” y “Antes de las olas, el agua” de El Ángel Editor. Algunos de sus poemas han sido traducidos a inglés, italiano y esloveno.

El primer finalista es el poeta JOSÉ LANDA de México:

Escritor, pintor y periodista (Campeche, México 1976). Autor de 14 libros publicados en México, Guatemala, España, Brasil y Canadá como La confusión de las avispas (Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, México 1997), Navegar es un pájaro de bruma –bilingüe francés-español– (Ecrits Des Forges, Québec, Canadá 2010), Sonidos como cascos de un galopar –bilingüe portugués-español– (Selo Sebastiao Grifo / Mantis, Guadalajara / Sao Paulo, México / Brasil 2010), Tribus de polvo nómada (Editorial Renacimiento, Sevilla 2011) y Ciego murmullo de ciudades portuarias (Editorial Cultura, Guatemala C.A. 2011). Incluido en más de 20 antologías dentro y fuera de su país como el Anuario de poesía (Fondo de Cultura Económica, México 2005), Un orbe más ancho (UNAM, México 2005), Festival de Narració Oral d’Altea –bilingüe: español-valenciano– (Ed. Enconte, Alicante 2010), Ojos que sí ven (Ed. Corona del sur, Málaga 2010), Narrativa social al margen (Ediciones Al Margen, Valencia, España, 2011), La alquimia del agua (Universidad de Huelva, España, 2012), Alquimia de la tierra (Universidad de Huelva, 2013), Antología general de la poesía mexicana Vol. II (Océano, México, 2014), Alquimia de la sal (Amargord Ediciones, Madrid, 2015), La calle que tú me das (Cuadernos La Guelguera, Las Palmas de Gran Canaria, España, 2016), Palabras en la niebla –cuentos– (Editorial Verbum, Madrid, 2016), entre otras. Desde 1992 ha obtenido más de 40 reconocimientos nacionales e internacionales como el Premio José Gorostiza 1994 (Tabasco, Méx.), Internacional Cd. de Lepe (Huelva, España), Premio Mesoamericano de Poesía Luis Cardoza y Aragón (Guatemala 2010), Premio Nacional de Cuento de la UADY (Mérida, Yuc., 2010), Premio Internacional Caribe Isla Mujeres (Quintana Roo, México, 2015); finalista en los premios Internacional Tardor de Poesía 2010 (Castellón, España), Internacional de Relato Vivendia 2010 (Ediciones Irreverentes, Madrid), Internacional de Poesía Paul Beckett 2010 (Almería), en el Premio Internacional de Cuento La Felguera 2015 (Asturias, España) y en el Internacional de Narrativa Novelas Ejemplares 2016 (UCCM-Verbum), entre otros. Ex becario dos veces del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA) del Gobierno de México. Dirige Revista Morbo y Ediciones Morbo.

 

Premio Nacional Poesía en Paralelo Cero 2018

VEREDICTO DEL CONCURSO NACIONAL DE POESÍA PARALELO CERO 2018

Quito, 30 de diciembre de 2017

Por segunda ocasión, en la historia del Premio Nacional de Poesía Paralelo Cero se ha dado un empate a la hora de la decisión final. Los libros Perros de niebla y La memoria de Argos, firmados por Telmo Román y Tarso se hicieron acreedores al galardón. Los poetas ganadores son el imbabureño Edison Navarro (1983) y el quiteño Christian Zurita Estrella (1993).

El Jurado del Premio, conformado por tres poetas de reconocida trayectoria en el mundo de las letras hispanas: Javier Bozalongo, de España; Andrea Cote de Colombia y Carlos Aldazábal de Argentina, fue por primera vez internacional, por celebrarse la primera década del Encuentro de Poesía Paralelo cero, a celebrarse del 18 al 24 de marzo de 2018. En dicho evento se premiarán a los dos poetas y se presentarán los dos libros. 
61 libros llegaron al concurso. El jurado escogió 16 libros como semifinalistas. Y más tarde redujeron el grupo a 8 libros, de los cuales se desprendieron los 5 finalistas a quienes decidieron mencionar y sugerir sus publicaciones, debido a la altísima calidad de los libros presentados. 

Edisón Navarro (Cotacachi – Ecuador, 1983) es comunicador social. Ha realizado estudios en preparación actoral en la Casa Malayerba. Textos suyos aparecen en revistas, antologías y selecciones poéticas dentro y fuera del país. Ha publicado DES-HABITADO; Jaguar Editorial 2012, UMBILIKAL, Casa de la Cultura Ecuatoriana Núcleo de Imbabura: Colección de poesía “José Ignacio Burbano”. 2011.

Christian Zurita Estrella (Quito, 1993) es comunicador social para el desarrollo. Gestor de proyectos, locutor radial y relacionista público, fue reportero en la Revista Utopía. formó parte del grupo de poesía El tornillo. Ha publicado el libro: Siempre fue la lluvia (El Angel Editor, Col. Opera Prima, 2017). Voluntario en el COVI (Centro Opción de Vida), imparte talleres de oratoria y poesía en la comunidad quichua-hablante de San Diego.

Los libros finalistas y sus autores son: Primer Finalista: Tránsito y fulgor del barro de Anibal Fernando Bonilla (Otavalo, 1976); Segundo Finalista: Nos ha crecido la hierba de Juan Suárez Proaño (Otavalo, 1993) y Tercer Finalista: Los desperdicios del polvo de Santiago Grijalva (Ibarra, 1992).

 

 

Acariciar delirios de Alfonso Bravo

Acariciar delirios
Alfonso Bravo
p.p 109
2017

 

Alfonso contra ataca
La palabra como lugar del exceso y las quimeras

Por: Jorge Luis Bustamante Álvarez

Pero de mí no te fíes,
pues si duermes,
en el sueño de amor habrá confesiones.
 
Alfonso Bravo

En este libro habitan “los alfonsos”, indudablemente está el Alfonso psicoanalista que se deja ver entre versos, el Alfonso Pink Floydiano, que descubre al lado oscuro de la luna  y por su puesto el Alfonso amante del Barcelona, que de día vivirá, pero sobre todo este nuevo Alfonso poeta que va desnudando un lenguaje necesariamente transgresor y profundo.

Este libro de poesía que se divide en una suerte de ocho cuadernillos guarda entre sus hojas misterios e incertidumbres, se deja sentir como el tacto de un recién nacido, como la primera vez que tocamos el mar y nuestra piel se eriza, como la soledad que queda después del día de oficina.

El poeta nos dice: “Por eso las camas no son lenguas muertas, ni lo clandestino es una quimera” dividido en discursos sociales, vueltas hacia el uno mismo que somos, dejando a rienda suelta la ironía, el dolor y la nostalgia hay una mujer de por medio en los versos de Bravo.

Es cierto que en el discurso del amor siempre existirán lugares comunes, el malestar, la nostalgia, el humor que enfrenta al dolor, el erotismo, la exaltación. Y es verdad también que siempre cuando comenzamos a hablar ya sea de política, de religión, de los buses y sus peripecias para rebasar al tráfico, terminamos hablando de amor.

Sobre este amor descansa la idealización de ese objeto amado y la premonición del vacío, esa especie de halo que nos empuja a preguntarnos ¿qué será?, esa manera de hacer y de hacernos imposibles ante ese objeto amado, de hacernos trizas y recogernos en pedazos, o hacernos simplemente palabra. El libro de Alfonso Bravo se vuelve el lugar preciso donde reposan estas exaltaciones, este lugar de excesos y de absurdos, de imposibles y quimeras, de mentiras sensatas, como diría el cantautor Javier Krahe. Este sitio en donde los lugares comunes se han vuelto poesía y el autor se desnuda ante la imposibilidad.

Es en la metáfora en donde se encuentra el contacto con el sentido del no ser, de lo que no pasó, del deseo en sí. Y en los versos de Bravo se distingue esta capacidad de engañarnos, de dejarnos preguntando que siguió después, será esto cierto. Como diría Joaquín Sabina: La verdad es solo un cabo suelto de la mentira y Alfonso lo sabe muy bien.

Mantengo varios romances, casi todos son conmigo, me recuesto, me abrigo, a ver si así tengo chances, dice el autor. En la poesía de Alfonso dialogan la ironía, el recuerdo, la memoria y el humor. Es una especie de explosión que no se encuentra comúnmente al abrir cualquier tipo de poesía. En algunos versos, prosas y relatos se deja leer esa astucia del autor, por ejemplo cuando dice: La diferencia entre una silla tántrica y un diván, es que en la una se practica el sexo, en el otro se habla de él.

No hay duda que este libro nos invita a ser leído desde sus primeras, nos abraza con la palabra, dando a entender como esta se vuelve un sitio del cual no podemos escapar, creando este azar en cada verso en donde podemos encontrar a nuestra subjetividad, identificarnos en ese discurso, habitarlo.

La poesía sin duda posee lugares comunes porque indudablemente está inscrita en un discurso de lo cotidiano y la labor del poeta es transformar a estos lugares comunes en algo que trascienda o transgreda a lo políticamente correcto, aquí se encuentra Bravo, luchando en ese territorio de la costumbre para hacerlo algo más, para transformarlo, deshacerlo y volverlo a construir. Alfonso, que la fuerza te acompañe.

 

Selección de poesía

Retornos

Apostemos que la infancia no se mata con los años,
que los niños que ahora juegan, con botones, con encierros,
no se olvidan de la bola, de las llantas y sus perros,
apostemos que al futuro se lo llena con antaños.

Apostemos que la vida retrocede con el tiempo,
que el amigo envejece cuando el recuerdo se ha ido,
cuando la bronca y los brindis son tragados con olvido,
apostemos que la vida, es travesura y templo.

Apostemos que el pasado es un paso adelante,
que el presente es una vuelta a las juergas y sonetos,
el retorno a los caminos, chaquiñanes, vericuetos,
apostemos que un amigo es un destino constante.

Y ahora apuesto a los míos, que sorprenden y que abrigan,
los que lloran y han reído, sin pregunta ni medida,
se divierten y se enfadan, al regreso y a la ida,
los que dicen que un mañana es memoria y me lo digan.

Es a ellos, los del barrio, coros, letras y bebida,
los del cielo, de la tierra, de distancia y cercanías,
los que siento a mi costado, en uno más de mis días,
los que arden en mi muerte como parte de mi vida.

La costumbre del cadáver

Que del pecho solo arcada,
pues vomita mis suspiros,
que el mundo se cae a tiros,
solo hay muerte en emboscada,

hoy respiro podredumbre,
en el cielo un color rojo,
en la tierra mi despojo,
en mi amar solo hay costumbre,

la costumbre del cadáver,
la paciente decadencia,
que me envuelve con su esencia,
que me hace más estable.

Veo luz, sin fin ni túnel,
más mi carne va dejando,
un pedazo por peldaño,
y mi sangre todo cubre.

No te encuentro, y me he encontrado,
a la sombra de algo inerte,
ojalá, con mejor suerte,
que esta vida hayas salvado.

Coitus interruptus

Mantengo varios romances,
casi todos son conmigo,
me recuesto, me abrigo,
a ver si así tengo chances.

Ni un Tomás, menos Teresa,
levedad insoportable,
despiadada, poco amable,
de un ser ya con pereza,

de tu ser quiero contarte,
con un toque una caricia,
de mujeres la delicia,
su millonésima parte.

Pero el rumbo sigue incierto,
más que un juego imaginario,
Casanova en solitario,
miembro erecto de algún muerto,

con el réquiem al destino,
mientras hiede podredumbre,
dice adiós, como es costumbre,
el intento libertino.

La composición de la sal

La composición de la sal
Magela Baudoin
p.p 120
2017

Contraportada

Los cuentos de Magela Baudoin son sin duda singulares, ofrecen meticulosas observaciones, comparten un acto secreto y aluden a algo siempre mayor que el argumento que se proponen. Es como si Baudoin nos contara sus relatos con la mayor aparente franqueza, pero nosotros, los lectores, intuimos detrás de las palabras una reticencia oscura, motivos nunca confesados, razones secretas, personajes y lugares de cuyo nombre Baudoin no quiere acordarse. La apariencia explicita, franca, abierta de sus cuentos nos engaña, pero con tal habilidad que aceptamos ser engañados. Sus atmosferas son amenazadoras, tenebrosas, vísperas de tormentas. Hay atisbos de humor pero su sonrisa es sardónica, llena de ironía, acusadora. Llegamos a la última página del cuento de Baudoin y nos preguntamos ¿Qué fue exactamente lo que nos contaron? ¿Cuál es el verdadero argumento, la verdadera trama de la historia? Conocemos el desarrollo de la trama, el principio y el fin, el ambiente en el que suceden los eventos, la voz de los hombres y las mujeres que pueblan sus páginas, sin embargo, al mismo tiempo sentimos que algo esencial se nos escapa. ¿Qué fue lo que no vimos, qué fue lo que no hubiéremos debido perder?

Borges, maestro del cuento (en un registro notablemente distinto, por cierto), observó que quizás el hecho estético fuese “la inminencia de una revelación que no se produce”. Esta calidad de promesa postergada define la delicada narrativa de Magela Baudoin.

Alberto Manguel

Baudoin, Magela

Bolivia, 1973.
Periodista, escritora y profesora universitaria.

A lo largo de sus 20 años de carrera periodística, ha publicado artículos, reportajes, entrevistas y columnas en diversos diarios, semanarios y revistas de Bolivia como La RazónLa Prensa o Nueva Crónica.Posee una maestría en Comunicación Periodística, Institucional y Empresarial y una especialización en Comunicación Corporativa. Ha sido fundadora y coordinadora del programa de Escritura Creativa de la Universidad Privada de Santa Cruz.

En su primer libro, Mujeres de costado (Plural, 2010) reúne entrevistas a mujeres controversiales bolivianas, en las que mezcla recursos periodísticos y literarios. Con El sonido de la H (Santillana, 2015), ganó el XVI Premio Nacional de Novela Alfaguara en 2014, y con La composición de la sal (Plural, 2014) recibió el Premio Iberoamericano de Cuento Gabriel García Márquez 2015.

Marzo es un pez

Marzo es un pez
Leonardo Ogaz Arce
p.p 105
2017

Contraportada

Este libro está concebido con oceánica diligencia, el poeta explora sus rescoldos para sacudir al lector desde ese otro océano de la palabra.

<<Marzo es un pez>> tiene una gama polifónica en imágenes que evocan, seducen y aleccionan. Buscan al lector desde el movimiento y la textura de una adjetivación sorprendente.

Existe en Leonardo Ogaz Arce una conciencia lírica subversiva con la memoria propia y colectiva tanto como una conciencia lírica conciliadora. Su voz germina desde la responsabilidad y sensibilidad social en medio del terreno del lenguaje.

Uno encuentra depositada en su poética, la contemplación del instante preciso donde el detalle toma forma y porvenir; asimismo como su testimonio promulgado en el régimen militar de Pinochet.

Estamos frente a un poeta incisivo que proclama para salvarse:

La esperanza no está muerta /  solo tiene un ala rota.

Un libro para entender a la poesía desde la memoria de un trotamundos –espacio siempre donde se cauterizan las palabras-.

Christian Zurita Estrella

En la poesía de Leonardo Ogaz Arce la palabra renace, se reinventa, se retuerce para dejar salir, como el colibrí, un destello de fuego. Poemas breves, como danzantes puntilladas, que indagan en el anverso de la forma. Poemas que arremeten en la conciencia del lector para, en un arranque de dulce desparpajo, someterlo a las preguntas sustanciales, sin concesiones. Y sin embargo, que plenos de luz, que sugestivas imágenes se superponen en un permanente estado de regocijo, pero también de dolor, de incertidumbre. Así, cada palabra, como cada verso compone “la geografía de un cuerpo”, el incesante impulso del mundo.

Juan Pablo Castro Rodas

 

Lo que diga está lleno de polvo

Lo que diga está lleno de polvo
Fadir Delgado Acosta
p.p 65
2017

Contraportada

Pocos poetas resultan ser incisivos y hermanar con amoroso oficio y diligencia la construcción de una sintaxis que desemboque en el lector, convocándolo a resignificarse. Con gran nivel, garbo y un verbo lirico poderosísimo, Fadir Delgado llega a la iluminación del entorno desde la fragmentación de su discurso y la economía del mismo: Siempre la palabra que se escucha como la explosión de un tiro / Esa misma palabra que cava su tumba dentro de mi boca.

Los textos de este libro son ofrenda y vértigo a los lectores que vendrá, sin duda alguna.

Estamos frente a una intensa poeta que examina sus versiones, espinas y soliloquios; que germina desde lo vivido la expresión corto punzante y comparte con generosidad su reflexión en el detalle, siempre minucia de la grandeza.

Lo que diga está lleno de polvo conmueve, problematiza, acuna.

Un libro para entender a la poesía desde el trino y la insurgencia.

Christian Zurita Estrella

Fadir Delgado Acosta

Barranquilla, 1984.

Poeta y escritora. Autora del libro La Casa de Hierro, 2002 y de El último gesto del pez, 2012. Sus textos han sido publicados en diferentes revistas literarias nacionales e internacionales. Invitada a distintos festivales y encuentros culturales en su país y en el extranjero. Ganadora de una Residencia Artística en Montreal por parte del Ministerio de Cultura de Colombia y el Consejo de Artes y Letras de Quebec, en el área de literatura, 2012.

Ganadora de una convocatoria internacional de la Oficina de la Juventud de Québec para participar en un intercambio literario en esta Provincia. Ha recibido reconocimientos como Joven Sobresaliente en el Campo de las Artes en Barranquilla, 2010, y ocupó el primer lugar en poesía en la VI Bienal de Noveles Escritores Costeños que se realizó en Barranquilla, 2002. Es tallerista literaria, gestora cultural y coordinadora de proyectos de la Fundación Artística Casa de Hierro en Barranquilla desde la cual lidera proyectos culturales en el espacio público y en los centros de reclusión. Actualmente está invitada al VIII Encuentro Internacional de Poesía en Zamora, Michoacán, México que se realizará en el mes de junio 2014, del 13 al 15.

Rosa desbocada de Ana María Iza

Rosa desbocada
Ana María Iza
p.p 168
2017

Rosa desbocada de Ana María Iza
Por: Catalina Sojos

La carta que inicia este libro es un golpe, como los golpes de Vallejo. Urgente, despiadada, suplicante y cierta, con la certeza que conmina la premonición de la muerte, Ana María insiste en su grafía con un portazo hacia la vida.

Y ya que el ejercicio de la lectura no es nada más que un placer individual y subjetivo, nos acercamos a esta puerta, como cuando nos guiamos por la luz en la semioscuridad de una gigantesca catedral.

Esa sensación aterida de la puerta entreabierta. Ese caminar en puntillas sobre el silencio. Ese presentir el murmullo de las bocas abiertas y ese sospechar la fragancia de las rosas, más allá del ojo de la cerradura.

Hacemos intentos de separar la vida de la obra y dejar atrás la cantidad de anécdotas que quedan enraizadas en la memoria. Con esas raíces de la nube negra que canta Joaquín Sabina cuando, en estos despiadados días, recibimos, cotidianamente, noticias de la muerte. Hacemos hincapié en distraernos de la primera fila, del asiento de vagón que nos espera. Volvemos nuevamente a disfrazar las voces del pasado, cuando Ana María llegó como un tsunami a nuestra poesía.

Y no lo logramos. Sin embargo, guardamos silencio sobre nuestros íntimos recuerdos y continuamos con la lectura de un prólogo, escrito desde el corazón del amigo, que no logra acallar su dolor y escribe como un susurro y describe como un grito su experiencia personal con la Poeta.

Aquella que temía el mar y soñaba con olas gigantescas, que inventaba pañuelos y metáforas, la misma que se metía en nuestra voz y nos obligaba a recitar sus textos, la mujer que pulía su corazón entre las piedras y a la que hacíamos un intertexto como homenaje en nuestra poesía; la Maestra de los inicios, la que obligaba a abrir ventanas y miradas, la que hoy regresa para conminarnos a leer su poesía. Y no necesita hacerlo.

Porque ella vivió en Poesía. Porque fue amada por la Maga, la hechicera. Porque acercarse a todos y cada uno de sus versos, línea a línea, es descubrir el núcleo de su existencia.

“No me busques me decía un gran poeta, me encontrarás en cada libro escrito de mi puño y letra”

Así, con el puño cerrado ante su propia vida, Ana María escribe desde el éxtasis de vivir. Cada texto es una rosa desbocada. Una explosión de pétalos.

Todo requiere a su palabra. Lo cotidiano y fugaz, el borrador de la escuela, una funda de papel, la refrigeradora, es decir todo aquello que hace de nosotros la evidencia falaz de nuestro paso. El fraude entre dos puertas.

AQUEL/ Daba ganas de morderlo y lo mordían/ mis dientes futuros cazadores/encajada en su blancura la delicia/de saciar en su piel mis travesuras.

Como aquel no decía ni pio/feroz le atacaba/en mi memoria desde siempre vive/desnudo/blanco/mi borrador de queso de primer grado/y mis dientes de leche abatidos/ a dentelladas.

La despiadada ternura, el erotismo y la ironía. Hitos en la poesía de Ana María.

línea a línea, verso a verso.

mis dientes de leche/ abatidos a dentelladas. Blanca, pura, dura, cada palabra define la infancia.

Y la poeta ensaya su escritura “con una verde hoja, clavada en mi garganta”   esa lanza que la obliga a toser permanentemente.

Y nuevamente su letra angulosa sobre el papel de escuela, sobre la agenda de su cama. Otra vez las fotos escaneadas de su agonía.

“…/en orgía feroz las letras danzan…/”

Los viajes, los regresos, los extrañamientos de “las montañas cobrizas, los cordeles del viento percudidos/ y las calles torcidas en el alma”

Tenaz y precisa, la poesía de Ana María Iza mantiene su ritmo, ese implacable trajinar sobre el texto en la búsqueda de la palabra exacta; aquella que no existe.

Y una vez más la parodia; la caricatura, el humor y el sarcasmo.

PRODIGIOS “/…existen masteradas/las Harvard/los prodigios/Pero yo encontré /el secreto de convertir el oro en agua/Solicito mi reconocimiento/ la patente, por la futura inundación/mañana…/”

“La memoria da contexto a lo que somos y a lo que vemos” asegura Alberto Manguel así, en este libro no faltan las fotografías, los amigos más cercanos, los viajes, los testimonios de aquellos que la amaron.

Obviamente callamos y no aparecemos otros. Esos que, igualmente, la seguimos, la leímos y estudiamos.

La mayor locura es desaparecer de la mesa del sombrerero loco. Ese convite en el que Alicia y su País de Maravillas se evaporan en la poesía. Desde nuestro cancel en la estantería invisible, seguimos disfrutando y exorcizando su lectura.

Definitivamente este libro póstumo de la amiga Poeta es una joya. Esa poesía que reverdece con cada repaso de sus textos. 166 páginas espejos y reflejos de aquella que amó y que nos hizo legatarios del viento.

“…/ porque soy la heredera de la nieve y el frío/ aprendí a hacer hogueras frotando mi corazón entre las piedras…/

Concluimos: hace algunos años, en el prólogo a su antología poética publicada en la Casa de la Cultura Ecuatoriana en la colección Poesía Junta, afirmamos:

“La poesía de esta mujer asombra, por su capacidad y dureza simbiótica, porque sus versos rotos y vivos quebrados e íntimos, advienen a la lectura con una carga humana poderosa”…/ cada libro tiene un designio: el conjunto de la obra de un poeta debe poseerlo y parece ser que el designio de la poesía de Ana María Iza es traspasar los límites del fuego en las palabras”

Incandescente con esa luz quemante del vacío, su poesía nos obliga a deshojar, junto a Lorca, sus “labios como pétalos” de su rosa desbocada.

Selección de poesía

La maleta

Nunca amé más a una maleta:
abrazadas las dos tras un armario
con miedo a que despierten en la pared los retratos
raros;
parecíamos dos niñas pequeñitas
aturdidas de susto y sobresalto

Ella
al fondo descosida
yo
los labios apretados

Ella
una mota de polvo en la mejilla
de su cutis de raso

¿dónde andará ahora mi maleta…
hoy que tengo de nuevo los labios apretados…?

Dejémonos de pailas

Ya no tengamos miedo
La verdad es sencilla
Limpia como una tabla
Nuestro único destino seguro es el infierno.

Allí es la inacción
ahí no existen llamas ni pailas de dolor.
El insomnio termina
Ahí todo es silencio
El frío escampa
Vence el olvido
El odio, el amor han perecido
El proyecto se fue
Llegó la calma

Es nuestra última casa
Donde alguien puso una rosa
y el viento, que pasaba muy lento, deshojó.

¡Rosas!

Las quiero en el jardín no en los jarrones.
Rojas de rabia si un espino las hinca.

Bebedoras del cáliz.
No las acepto mudas
estáticas,
en espera que el viento las sacuda.
las grite
Pero tal vez las noches se vuelven periodistas

Dinámicas
audaces
en las primeras planas del cosmos
publican los motines.

De todos modos en vez de rosas
Prefiero chocolates rellenos de vodka

¡Gracias!

La copa

Al fondo de la copa
cristal de otro labrado
cereza enmascarada
el hielo como luz.

Brilla la piedra abstracta
Burbuja de algún sueño.

Ex- brillo
rastro sin rostro
retrato en negro y negro
recuerdo intrascendente
común hasta el olvido.

Al fondo de la copa:
Yo.

La composición de la sal de Magela Baudoin

La composición de la sal
Magela Baoudoin
p.p 120
2017

Dos reseñas del libro “La composición de la sal” de Magela Baoudoin

¿Qué hace de un cuento un cuento?
Por: Eduardo Varas

A Magela Baudoin la conocí hace aproximadamente un año, en una mesa que compartimos en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Ahí, ella habló sobre esa falsa modestia de algunos escritoras o escritores (entre los que me incluyo) de no aceptarse como escritoras y escritores, como si al hacerlo estuviesen cometiendo un error o entrando en un terreno de ego innecesario. Ella lo dijo sin problema, como un acto de reconocimiento natural, de certeza, que se quedó dando vueltas en mi cabeza.

La aceptación como escritor es el primer paso para hacer algo, para crear algo, para decantarse por la escritura. Ella lo sabe, “La composición de la sal” es la prueba de esa realidad. Magela Baudoin es escritora, se asume como tal, y nos entrega un libro que ha sido alabado por un premio importante y por muchos lectores, quienes compartimos su entendimiento de la narrativa, su deseo de construir cuentos que se desarrollan incluso en niveles más profundos de lo que la propia escritura hace. Las cosas que se cuentan en “La composición de la sal” tienen su cierre por debajo de sus líneas, incluso luego de finalizar la lectura.

Ser escritor (en este caso, ser escritora) es hacer que la lectura se quede en alguien incluso después de leer.

“La composición de la sal” reúne 14 cuentos en los que las historias, esas excusas narrativas, nos hablan de algo más humano, lo que nos guardamos, lo que se resuelve en más de dos o tres páginas. Son momentos, fragmentos de un recorrido mayor. No vamos a llegar a una meta, la meta es ajena, distante, innecesaria; incluso cuando la anécdota se resuelve. Para Magela Baudoin el cuento es cuento cuando consigue llevarnos, como lectores, a esos personajes, a esas realidades alternas de la ficción, para entenderlos, ponernos en sus zapatos, asumir sus decisiones. La obra de Magela es la obra de la empatía como un ladrillazo en la cara. Un cuento es un cuento cuando en pocas páginas consigue volver en parte de nuestras vidas sus dinámicas internas.

Esos seres de papel son reales, son como nosotros, incluso los que no se parecen a nosotros, tienen deseos, aman, lloran, tienen miedo, aspiraciones, se enfrentan al miedo, se consumen, no se deciden, intentan ser felices, sosegarse…

En ese sentido, quisiera referirme a dos cuentos en particular. Si me pongo más escrupuloso podría tomar cualquiera de los relatos para desentrañar ese universo empático y profundo del que me refiero, pero me quedo con dos por razones más que obvias. “Amor a primera vista” abre la colección y aquí tenemos una pareja dispareja que decide vivir juntos por las circunstancias que encuentran en el camino y que, a pesar de la desazón de esa convivencia, no conocen otra manera de estar, de ser, de existir. El cuento se cierra con una pregunta, no leemos la respuesta, pero no necesitamos saberla para entender que los personajes necesitan estar ahí, acompañándose, aunque el placer parece escapárseles ante sus narices. Nos identificamos con ellos, podemos ser ellos y eso que viven y que guardan. Los personajes de Magela, así como sus historias, viven ese secretismo porque nadie sabe quiénes realmente somos y a veces a nosotros mismos nos cuesta entender quiénes somos.

Pero es en “La composición de la sal”, el cuento que le da nombre al libro, que eso que no se dice, que se insinúa, nos permite entender la maestría de esta escritora, a la que Silvina Freira, de Página 12, ha definido como una mezcla entre Alice Munro, Antón Chéjov y Silvina Ocampo. Un hombre ya grande, anciano, con nietos, no puede parar de llorar y no sabe por qué, cree entenderlo, sabemos que en momentos duros –como la muerte de un hijo pequeño– no ha llorado y que ahora, de golpe, no puede parar de hacerlo. Siente que algo le pasa, visita a médicos, le dicen que es normal, que no se preocupe. El hombre no quiere volverse débil ante los ojos de los demás, no puede, es un hombre. En su soledad cree encontrar una respuesta, la que todos hemos pensado a lo largo del relato: pero no, hay algo más, siempre hay algo más. Ese algo es lo que complejiza a los personajes y los convierte en construcciones reales. El título “La composición de la sal” hace referencia a ese artefacto que nos podría hacer bien, a ese salto de fe, pero sobre todo a aquello microscópico, esos elementos que no son visibles con facilidad, pero que conforman un todo.

No es el iceberg de Hemingway, no.

Son superficies interminables que nos van dando más detalles de la vida, a medida que avanzamos en la lectura.

 

El sabor que esconde la sal
Por: Gary Daher

Magela Baudoin es autora de un libro que ha llamado “La composición de la sal”, mismo nombre con el que aparece uno de los catorce cuentos que hacen a esta propuesta literaria.

Y es sin duda una propuesta valiosa, ya que incorpora una voz distinta en el diálogo que se plantea en la narrativa boliviana, pues los cuentos que este libro presenta tienen en general una manera de narrar que guarda para sí, para la autora, otros relatos que no se dicen, que no se hablan, a la manera quizás del poeta José Carlos Becerra.

Escuchamos por unos instantes a Becerra para crear el ambiente:
Esta noche hay algo tuyo sin mí aquí presente,
y tus manos están abiertas donde no me conoces.
Y eso me pertenece ahora;
la visión de esa mano tendida como se deja el mundo que la noche no tuvo.
Tu mano entregada a mí como una
adopción de las sombras.

Diremos además que los cuentos parecen emerger de historias reales, relatos verídicos que parecen deformados para ocultar cosas que acaso se dicen sin decir, se dicen para sí misma, para la autora, sin transmitirse, apenas sugiriendo líneas, creando en el lector un sentimiento de cierta angustia que hace a la esencia misma de los cuentos que, como la sal, ocultan el sabor esencial de los alimentos.

La prosa de Magela Baudoin corre líquida, clara, como si intentara lavar un universo psicológico terrible hecho de memorias.

En muchos de los relatos, elementos como la enfermedad, la muerte, la soledad, son dichos como rasgos de la fragilidad de la vida que sin embargo se levanta, a sabiendas de su pronto derrumbe, por amor a otro. Mientras la magia (o hechicería, según) interviene, pero de una manera apenas sugerente, o como el dibujo de un mundo incomprensible.

El niño es un personaje constante en los cuentos de este libro. Pues aquí los niños se presentan en toda su impotencia de niños, en su fantasía de niños limitada a su mundo de niños. Aquí, maravillosamente, los niños son niños, con toda su fragilidad, con todo el infierno que significa ser niños en un mundo de adultos difícil de alcanzar o descifrar.

En los cuentos descubrimos que Magela Baudoin utiliza las descripciones detalladas, ya sea de vestidos, comida, u otros, descripciones que en lugar de aterrizar en la realidad, nos dibujan un escenario de híper realidad, que parece permanecer en todo momento.

No se puede obviar el hecho de que este libro está escrito por una mujer, quiero decir escrito desde su mundo, un mundo que conoce y reconoce en cada relato. En Amor a primera vista encontramos la  relación asimétrica donde el personaje varón se ve atrapado en las demandas de la mujer, que lo empujan a vivir juntos, no por el deseo mismo de hacerlo, sino obedeciendo a un objeto del deseo, que no es erótico, sino material, en este caso un departamento. Así, el varón se deja enredar en la situación como una mosca en la telaraña.

Algo para cenar es una alucinante historia de narcotráfico, vista desde la mirada cotidiana de una familia de barrio, de mujer sola que cría seis hijos.

La mujer se presta dinero para los trámites que resultan de un accidente provocado por el hijo, que es un niño. Accidente gracias al cual descubren droga en el automóvil del padrastro del amigo. El dinero parece cuantioso, y suena como una carga que la familia tiene que llevar por mucho tiempo.

El planteamiento del cuento tiene un cariz sociológico que no puede dejarse de lado. En el relato, los personajes de la familia no tienen nombre. Empiezan a tener nombre los extraños.

Magnifica la escena en la que la madre, acostumbrada a fustigar con chinelazos, no castiga al hijo, pero le hace notar su pecado. El chico llora, mientras “El calor ahogaba como a las mujeres el luto bajo el sol.”, dejando ver el aliento a poesía de algunos momentos de la narración.

Otro cuento que quiero aquí resaltar para el apetito es La noche del estreno.

El propietario de la lavandería es un personaje anodino que podemos transformarlo en símbolo del hombre moderno, en medio de máquinas, cuyo ruido monótono y persistente le sirven para imaginar el mundo de la puesta en escena.

Hijo de una modista encomendada del vestuario de las artistas de ópera, y un padre electricista encargado de reparar e instalar las luces de los principales teatros de Buenos Aires, guarda como un tesoro, tesoro tratado como objeto del deseo, con el que juega todas las noches, un modelo en cartón de una puesta en escena de la ópera Carmen de Bizet, que aquí podríamos tomar como símbolo de la cultura.

Mientras que de la madre: “Él había aprendido de ella que para materializar la esencia de cada personaje, era necesario un vestuario, una segunda piel que hiciera creíble la ilusión.”

En alguna lectura uno podría recibir subliminarmente que estamos interpelando a la cultura como algo que se pone en escena con una instalación que hiciera creíble la ilusión. La cultura como una ilusión, pues más allá de ella, de su propuesta, está el personaje viviendo sus angustias y su mundo oprimido.

Resulta en este cuento que el único cuerpo deseado es el cuerpo de la artista que interpretaría Carmen de Bizet, quien probablemente en la adolescencia del personaje lo habría obligado a un beso.

El mundo que propone Magela Baudoin es un mundo de obsesiones no resueltas, de fantasías equivocadas. Un laberinto sin salida, pues la puerta que parece ser el éxito, fracasa, salvando acaso al personaje de un desastre mayor. Mundo que plantea al lector una visión sin solución concreta, que lo mantiene en vilo, sujeto a la historia, aun mucho después de haberse concluido la lectura.

En La composición de la sal ocurre un salto mágico, el personaje al alcanzar la vejez, contra lo que él mismo había esperado de esta etapa de la vida, resulta transformado en un ser tan sensible que es imposible de proteger: el llanto es el resultado de toda interacción con el mundo. Ese viaje insoportable que concluye con un baño de sal que no deja de ser una sugerencia de suicidio, la muerte como liberación. Y cuando el lector curioso quiere encontrar una cifra para el libro, ya que este cuento es el que le da nombre, la respuesta es poética, es decir, abierta, asentando que el lector debe también leer en su interior las líneas personales para completar los cuentos.

En general, la trama de los textos nos lleva a la sensación de que algo se encuentra a punto de derrumbarse. Como en Gourmet donde se instala una pintura psicológica penetrante. El proceso de la pareja donde él ha construido el escenario, y ella desarrolla su inestabilidad emocional, que él tiene que soportar y aliviar. “Manuel siempre había admirado esa capacidad suya de procurarse seguridad y afecto, mostrándose indefensa y un poco caótica para la vida, algo que de manera infalible siempre era atrayente. La miraba y respiraba tranquilo porque estaban a salvo. Al menos por esa noche.” 

Puede que Un reloj. Una pelota. Un café, relato con el que se cierra el libro, sea el extracto de las temáticas de Magela Baudoin. El escenario del niño a punto de romperse en mil pedazos, la madre enferma, que no se ve, pero que el lector imagina pronta a morir, el abuelo, que recreamos en una edad de últimos días, el niño mismo que sufre un defecto en la pierna a causa de la poliomielitis, pero antes, la fragilidad de la vida que se levanta por amor a otro. Ejercitado esto en una prosa contundente, precisa, totalmente cinematográfica: “Cuando el viejo echó a andar el motor del gran volvo verde, año 1933, que ambos cuidaban con esmero, el chico comenzó a correr tras él pateando la pelota, primero torpemente y luego con todas sus fuerzas, formando con su respiración nubes de vaho en el aire frío”.

Mayo 2014

Magela Baudoin

Bolivia, 1973.
Periodista, escritora y profesora universitaria.

A lo largo de sus 20 años de carrera periodística, ha publicado artículos, reportajes, entrevistas y columnas en diversos diarios, semanarios y revistas de Bolivia como La RazónLa Prensa o Nueva Crónica.Posee una maestría en Comunicación Periodística, Institucional y Empresarial y una especialización en Comunicación Corporativa. Ha sido fundadora y coordinadora del programa de Escritura Creativa de la Universidad Privada de Santa Cruz.

En su primer libro, Mujeres de costado (Plural, 2010) reúne entrevistas a mujeres controversiales bolivianas, en las que mezcla recursos periodísticos y literarios. Con El sonido de la H (Santillana, 2015), ganó el XVI Premio Nacional de Novela Alfaguara en 2014, y con La composición de la sal (Plural, 2014) recibió el Premio Iberoamericano de Cuento Gabriel García Márquez 2015.