Territorio del río

Territorio del río
Rodolfo Salazar Ledesma
p.p 205
2017

Contraportada

Se habla siempre de la falta de humor en la poesía ecuatoriana. Se ha considerado que la lírica debe estar sumergida en el dolor, el desasosiego y la consumación de un gran ritual melancólico.

Sin embargo, la ironía es un elemento literario de enorme importancia en la poesía latinoamericana – y el humor negro lo ha sido desde épocas remotas, creciendo en el renacimiento español o en el simbolismo francés-.

Este libro y este poeta se cultivan en el humor del lenguaje cotidiano, en la astucia de la imagen irónica y en el gesto linguistico displicente y gracioso, llegando a lo grotescamente correcto y consiguiendo acuerdos con aquello que alguna vez nos decía el gran poeta francés Louis Aragón: El humor es lo que falta a los caldos, a las gallinas, a las orquestas sinfónicas. Y a la inversa es lo que no falta a empedradores, a los ascensores… ¿A dónde va? A la ilusión óptica… ¿Su debilidad? Los crepúsculos, siempre que parezcan un huevo al plato…

Rodolfo Salazar Ledesma, hijo de estiorpe poética, nos trae un condensado de su poesía, desligada absolutamente de los esterotipos de la poesía actual. Trabaja un lenguaje libre, suelto de ritmo y retórica, llegando a la hilaridad y al pensamiento alimentado por la ironía.

Un trabajo digno de reconocerse en nuestra lírica actual.

Xavier Oquendo Troncoso

Estertor

Estertor
Ronald Escalante
p.p 67
2017

Contraportada

En Estertor tenemos el inicio de una escritura que ha madurado en el secreto. Quiene se asomen a sus páginas encontrarán un uso preciso del lenguaje para crear atmósferas en las que se desenvuelven aborrecibles acontecimientos, disfrazados en vidas ordinarias. Entre la estética del esperpento y un erotismo trnasgresor, Escalante nos arroja a un foso de palabras hirientes y hermosas como las fauces de una serpiente que nos cautiva y perturba, llevándonos al orde de la ensoñación. Sus personajes están sometidos a una presión constante que amenza desde el interior, son seres mal acomodados a la realidad, que ocultan un deseo inconfesable y caminan al filo de la moral. Auguro un gran futuro a este nuevo autor de las letras ecuatorianas.

Adolfo Macías Huerta

Arreglos para la historia

Arreglos para la historia
Santiago Grijalva
p.p 82
2017

Contraportada

Ya sabemos que la historia -la pesadilla de la historia-, avanza y se repite ante los ojos de los hombres cansados. Y es la poesía –la verdadera poesía- la que rompe este continuo con renglones difusos, salvando en sus palabras la luz de una aventura individual. Santiago Grijalva, contando o cantándonos su historia, comienza a cavar al interior de un corazón. Sin caminos o puertos fijos, en la movilidad de lo que nunca termina de ocurrir, sabe que “sólo el cielo se recubre de certezas”. Que “la comete que volaba cuando niño escapó una noche, a manos de otra generación”. Y así es que dibuja sus retratos como mapas de la ausencia. Para decir que allí estuvo. Que aún rotos los hilos alguien recuerda los linajes y la luz de las tardes. En alguno de estos poemas se nos dice que la poesía no necesita de poetas. Pero su libro nos dice lo contrario, con algo de ironía y honestidad. Lo que hay en estas páginas es una historia a la medida de una persona. La búsqueda de un rostro en su fragilidad y en su esperanza.

Santiago Espinosa

Habitar el dolor

Habitar el dolor
Jorge Luis Bustamante Álvarez
p.p 84
2017

Contraportada

Jorge Luis Bustamante Álvarez se propone, y lo logra con serenidad y elegancia, la difícil tarea de Habitar el dolor. Sale adelante al reconocer, lúcidamente, a “los que son/ y me son/ y soy”, es decir, a hacer renuncia del solipsismo. Los otros vienen “a sacudir los huesecillos del deseo”, a lo que sea, pero sobre todo, a conversar. Y vale la pena este diálogo porque “aquí la tarde se inunda con nuestro sueño”, hay esperanza. La herramienta básica de Bustamante Álvarez es su cuidadoso lenguaje poético, que hace posible que “en esta indecible soledad / se haga cuerpo”. De sus textos salta ese conocimiento que solo ofrece la verdadera poesía, y nos deja con la certeza de que “el olvido no existe” o que al menos “cada olvido tiene su propia voz”. En fin, Habitar el dolor es una muestra de la solidez de la poesía ecuatoriana de hoy, y de la notable obra poética de la Generación Cero en todos los rumbos de nuestra lengua.

Víctor Rodríguez Núñez

Hacen falta pájaros

Hacen falta pájaros
Juan Suárez Proaño
p.p 102
2016

Contraportada

Un poema se convierte en un buen poema cuando desde las páginas del libro salta a los ojos del lector y este se adueña de lo leído y lo convierte en propio, sintiéndose conmovido no sólo por la idea que los versos puedan transmitir, sino por la experiencia que sean capaces de provocarnos o recordarnos. De nada sirve leer que el poeta está enamorado o triste o solo si no podemos sentir en sus palabras que también nosotros estamos enamorados o tristes o solos, aunque sea esta una soledad felizmente compartida. Juan Suárez (Quito, 1993) hace de su falta de optimismo ante la realidad un ejercicio de contención poética que avanza verso a verso hacia la luminosa esperanza que el sujeto poético encuentra en la rehabilitación de la memoria, en la construcción del amor y en la propia poesía, como un ejercicio minucioso de artesano de la palabra. El poeta mira con expectación y con ternura todo lo que sucede a su alrededor, y de cada imagen guardada crecen poco a poco las páginas de un libro que busca en la ciudad los restos de una naturaleza añorada; la luz en el cuerpo desnudo de la amada: “Cuando estaba tu cuerpo / no hacía falta / encender la luz.” y en la poesía el refugio frente a la hostilidad reinante. El título del libro es una verdad abrumadora: Hacen falta pájaros, pero Juan Suárez nos reconcilia con la idea de que a la poesía en español no le faltan alas.

Javier Bozalongo

Transitares


Transitares
Freddy Peñafiel Larrea
2013
p.p 73

Contratapa
La poesía de Freddy es la poesía de un niño grande que ha escogido mirar, como Cortázar, con ojos juguetones, inquietos, el mundo que le ha tocado vivir. (…) así sus poemas adquieren el peso de lo vivido, se vuelven redondos, justos testimonios de un universo, el nuestro, que, por desgracia, se completa de este modo y suma a la luz la tiniebla, a la vida la muerte, a lo apolíneo lo dionisíaco y salvaje.

Abdón Ubidia

Al rechazar los grupos y promulgar el poema “agazapado”, estos textos reclaman la intimidad de la lectura solitaria. Construyendo un reclamo público que quiere desvanecerse en lo privado.

Carlos Aguasaco

El humor tierno e irónico del instante con su lenguaje fresco, sacándole la lengua al academicismo.

Xavier Oquendo

Tingshas


Tingshas
Sophía Yánez
2014
p.p 143

Contratapa
Tingshas es el segundo libro de nuestra poeta, quince años in the making (había dicho Joyce tocando el piano en París, sin sospechar que sus dedos adivinaban en el teclado las notas de Thelonious Monk). Hay una estructura tripartita, con cuatro elementos que Heráclito soñó y campanitas budistas que invocan a Alan Watts a la hora del té. Y bien, este libro es la ampliación del anterior (con la metáfora del bosque); y el lirismo que brota de improviso, sin que nadie lo obligue, habita uno de sus versos y una de sus palabras. /…/

Entre los atractivos de Tingshas, quisiera insistir en la crónica subterránea de la palabra poética y el recuento, en parla sociológica (digámoslo así), de la busca de ese laurel o marca registrada que se llama melodía lírica. Sophía Yánez ha escrito en este preciso sentido, un libro fascinante con susurros, voces roncas, timbres agudos. La historia de su decir parece inclinarse hacia la astucia y la elegancia. Nuestra poeta lo sabe de sobra, allí donde siempre sobra otro tipo de palabras.

Edgar O´Hara

Sempiternal

Sempiternal
David Sánchez Santillán
2015
p.p 46

Contratapa

Los poemas de David Sánchez Santillán siempre están contenidos en sí mimos. Siempre preguntan en lugar de responder. Siempre ocultan. Siempre están silenciados. Siempre buscan los rincones. Siempre connotan. Siempre vuelan por entre las ramas de un árbol de dudas. Siempre están alojados en los cuestionamientos desde el lado de la extrañeza.

Estos poemas cocidos infraganti por el fuego del tiempo, han venido a sacar el corazón vertido del poeta por las aguas calmas de una voz que se va haciendo un estilo, que va formándose como entre los pliegues de la oruga que será mariposa.

Por caminos que dicen y desdicen se va la poesía de David. Y que así sea. Que quede mirándose por la luminosidad de su paisaje interior. Y que los dioses sepan abrir las puertas de la salvación, cuando la poesía dicte, al fin, su juicio que nunca será final, porque la poesía no tiene fin.

Sempiternal, segundo libro de poemas de Sánchez Santillán, llega para engrandecer a su autor y engrandecer a sus lectores. Un libro extraño fotografiado y dibujado en hiperrealidades. Solo el poeta nos puede hacer ver otras cosas en el mismo lugar de donde todos nacimos.

Xavier Oquendo Troncoso

Para empezar el olvido


Para empezar el olvido
Vicente Robalino
2013
p.p 64

Contratapa

Para empezar el olvido, la nueva obra poética de Vicente Robalino, encarna el desasosiego experimentado por su yo lírico en un doloroso y largo viaje a través de la memoria. Odisea cuyo objetivo primordial consiste en arribar a ese puerto que, al contrario de lo que aseveraba la poeta peruana Blanca Varela, NO existe; porque aquel lugar yace disuelto en el olvido; su nombre, vacío de significados, acaso sea muy similar a la pureza de la muerte. Es así que este poemario constituye el espacio donde el poeta se transforma en su propio antagonista: fantasmal presencia que, con secreta nostalgia y certera ironía, anhela despojarse, ¿a beneficio de inventario?, de su pesadumbre, poetizando, minuciosamente, desde su acendrada soledad, cada decepción, cada sombra, cada silencio; es decir, el poeta desea exorcizar sus heridas, abiertas durante encarnizadas batallas contra sí mismo y contra un mundo casi siempre feroz. Entonces, cabe resaltar que la poética desplegada por Robalino en esta obra, gracias a la precisión de una escritura trabajada con mucho esmero, posee la fuerza de una catarsis que conmina a su yo lírico a arrancar de su vida jirones de recuerdos. Por eso, este libro debe ser leído como si se tratase de un baúl repleto de versos desgarrados, en cuyo fondo el lector encontrará la brújula rota de alguien que intenta, guiado solo por las metáforas de la tristeza, llegar a su destino, a ese puerto que no existe.

Carlos Enrique Garzón