De mi propia sombra

De mi propia sombra
Manuel Cordero
p.p 134
2017

Contraportada

Si el soneto fue “la prueba de fuego de los poetas” en occidente, en oriente debió –y debe- ser el Haiku. Encerrar en una cárcel milimétrica, en un diminuto bonsái de poesía una tesis, una antítesis y una síntesis que se remarca en medio de una meditada contemplación frente a la estabilidad emocional de la naturaleza, el paisaje y su perfecta armonía y el clima en comunión con el peso de la palabra.

Un haiku crece en el tiempo como los pequeños arbolitos japoneses en sus macetas. Y hay haikus que se han tardado años en concebirse y, por lo tanto, en crear al poeta que los concibe y los piensa en medio del universo y sus matices.

Manuel Cordero es un poeta oculto en medio de la parsimonia y el escándalo de las figuras líricas del Ecuador. Él iba regando el agua quedamente y in relinchos, consiguiendo dialogar con las formas y llegando a la claridad sintética del haiku.

Digno heredero de Carrera Andrade, el poeta Manuel Cordero parece decirnos que “de lo bueno, poco”. Lento y maduro el fruto de Manuel quedará en los lectores de nuestra lengua como un discurso fortalecido en el silencio, siempre elastizándose en la poesía, venciéndo a la muerte o, como él mismo dice: Desapareció/ el pájaro cantor/ mas no la canción.

Xavier Oquendo Troncoso