Espinas en los ojos & siete poemas de barro

Espinas en los ojos & siete poemas de barro
Hugo Francisco Rivella
p.p 64
2014

Contraportada

Siempre he creído que el último reducto de la poesía épica se encuentra en los versos contemporáneos de la poesía mística. El misticismo es la poesía pura porque es el reflejo, por naturaleza, de lo estéticamente perfecto: lo profundo, entroncándose con lo sutil.

Pero además creo que la poesía mística occidental es también la más alta Lírica. El lirismo desde lo profundamente y puramente sentimental.

No podría concebir algo más amorosamente correcto y terriblemente insurrecto que: Y todos cantos vagan,/ de ti me van mil gracias refiriendo./ Y todas más me llagan,/ y déjame muriendo/ un no sé qué que quedan balbuciendo. El “Cantico espiritual (Canciones entre el Alma y el Esposo)” del enorme San Juan de la Cruz, uno de los poetas más grandes de nuestra lengua.

Pareciera que en la mística, el lenguaje se vuelve ascético y quiere regresar al origen de su arbitrariedad lingüística, como aquello que dijeron los Mayas en el “Popol Vuh”, de que toda palabra sea para alabar a los dioses, y así parece hacerse. Si un soneto era la prueba de fuego de un poeta en la forma, la escritura de poesía mística sería la prueba de fondo de un vate.

Aquí está el poder de Hugo Francisco Rivella, poeta, mayúsculo, enorme voz ferruginosa del altiplano americano, que con este libro quiere tocar las espinosas sedas del vocablo divino. Por estos transitares se han hecho poetas inmensos. Por estas mismas calles han caído muchos aficionados y advenedizos. Pero Rivella se revela como una voz torrencial. Su voz ocupa el mar del delirio: quiere llegar a ese sentido placentero, espiritual y real en donde estará Dios en busca de las preguntas sin respuesta. De los misterios está hecha la poesía y aquí, el gran Hugo lo demuestra.

Un libro hermoso, veloz y feroz. La primera persona se pone en posición afrentosa y llega a sentirse repleto por la maravilla de la palabra a la que le arranca el irracional respeto oscuro a la figura teocéntrica.

El gran Rivella, figura ya estelar en nuestra poesía española, sabe que si Dios existe debería estar hecho con poesía. Y él ha decidido crear un molde para librarse de su potente voz de joyero frente a las palabras y bucear en medio de los dos más grandes y bellos misterios del ser pensante: Dios y la poesía… si es que no son la misma cosa.

Ni más ni menos.

Xavier Oquendo Troncoso