Harold Alva

Perú, 1978. Poeta, editor y analista político. Ha publicado Lima, la épica del desastre (Altazor, 2012) y Ciudad desierta: apuntes de occidente (Summa, 2014), entre otros libros. Participó en el II Festival de Novísima Poesía Latinoamericana: Poquita Fe (Chile, 2006), fue invitado a El turno del oprimido (Guatemala, 2008), Animal de monte (El Salvador, 2008), Fue director y conductor del programa político Habla el pueblo de canal 11. Actualmente dirige el FIP Primavera Poética, la revista Eme, la plataforma política Contrapoder, los Seminarios Abiertos de Formación y Editorial Summa. Es columnista del Diario Expreso.

CAILLOMA 714
 
La rabia se inocula
Como el grito suspendido de una cobra
Lima de noche con mis manos en su espalda
Y un extraño rumor de vidrios
destrozados contra el ojo
Contra mi frente de cíclope extraviado entre los autos
Su inconsistencia
Para sostener el incendio de otras cicatrices
En los muros donde gárgolas invaden
El cementerio de mis pájaros
O la hacinada cueva donde habita
el roedor de la nostalgia
Su trompa de metal
Que se abre como la puerta del metropolitano
Cuando cruza Lampa
Voltea por Emancipación
Y la ciudad se eriza
Y la ciudad se levanta
Y Lima tartamudea un himno que la proyecta
Sobre un muro de quejas
Y la rabia crece
Y nadie tiene el poder
Para difuminar la espuma de mi boca
Su antídoto de historia
La frente sin laureles de las estatuas posmodernas
Sé que hay una ventana
Un vitral en el que otros ojos se inyectan
Contra el cielo de otra tribu
De otra civilización que nada tiene que ver
Con las marcas putrefactas de estos muertos
Otra lengua
Otro código que interpreta las flechas de mis manos
Sus líneas como quipus
O la rabia
Su nieve en la cresta de mis puños
Los pilares del tren
La bestia que cruza sus entrañas
Los corredores viales que unifican su tragedia
El color seco de su sangre
Mis brazos clavados como huesos
Agitándose como una bandera
Que nada tiene que ver con la historia de su patria
La voz despedazándose
Y el cráneo sembrado sobre un poste
A la merced de un cóndor
Que sabe que solo habitan tinieblas en mis ojos
Lima es una hiedra
Su trompa se abre como el insomnio de un loco
Que intercede por sus fantasmas
Y no hay lugar: no hay casa
No hay espacio inhabitado
Solo la lluvia
Quebrándose
Luciferina
Vertical
Solitaria.