La composición de la sal de Magela Baudoin

La composición de la sal
Magela Baoudoin
p.p 120
2017

Dos reseñas del libro “La composición de la sal” de Magela Baoudoin

¿Qué hace de un cuento un cuento?
Por: Eduardo Varas

A Magela Baudoin la conocí hace aproximadamente un año, en una mesa que compartimos en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Ahí, ella habló sobre esa falsa modestia de algunos escritoras o escritores (entre los que me incluyo) de no aceptarse como escritoras y escritores, como si al hacerlo estuviesen cometiendo un error o entrando en un terreno de ego innecesario. Ella lo dijo sin problema, como un acto de reconocimiento natural, de certeza, que se quedó dando vueltas en mi cabeza.

La aceptación como escritor es el primer paso para hacer algo, para crear algo, para decantarse por la escritura. Ella lo sabe, “La composición de la sal” es la prueba de esa realidad. Magela Baudoin es escritora, se asume como tal, y nos entrega un libro que ha sido alabado por un premio importante y por muchos lectores, quienes compartimos su entendimiento de la narrativa, su deseo de construir cuentos que se desarrollan incluso en niveles más profundos de lo que la propia escritura hace. Las cosas que se cuentan en “La composición de la sal” tienen su cierre por debajo de sus líneas, incluso luego de finalizar la lectura.

Ser escritor (en este caso, ser escritora) es hacer que la lectura se quede en alguien incluso después de leer.

“La composición de la sal” reúne 14 cuentos en los que las historias, esas excusas narrativas, nos hablan de algo más humano, lo que nos guardamos, lo que se resuelve en más de dos o tres páginas. Son momentos, fragmentos de un recorrido mayor. No vamos a llegar a una meta, la meta es ajena, distante, innecesaria; incluso cuando la anécdota se resuelve. Para Magela Baudoin el cuento es cuento cuando consigue llevarnos, como lectores, a esos personajes, a esas realidades alternas de la ficción, para entenderlos, ponernos en sus zapatos, asumir sus decisiones. La obra de Magela es la obra de la empatía como un ladrillazo en la cara. Un cuento es un cuento cuando en pocas páginas consigue volver en parte de nuestras vidas sus dinámicas internas.

Esos seres de papel son reales, son como nosotros, incluso los que no se parecen a nosotros, tienen deseos, aman, lloran, tienen miedo, aspiraciones, se enfrentan al miedo, se consumen, no se deciden, intentan ser felices, sosegarse…

En ese sentido, quisiera referirme a dos cuentos en particular. Si me pongo más escrupuloso podría tomar cualquiera de los relatos para desentrañar ese universo empático y profundo del que me refiero, pero me quedo con dos por razones más que obvias. “Amor a primera vista” abre la colección y aquí tenemos una pareja dispareja que decide vivir juntos por las circunstancias que encuentran en el camino y que, a pesar de la desazón de esa convivencia, no conocen otra manera de estar, de ser, de existir. El cuento se cierra con una pregunta, no leemos la respuesta, pero no necesitamos saberla para entender que los personajes necesitan estar ahí, acompañándose, aunque el placer parece escapárseles ante sus narices. Nos identificamos con ellos, podemos ser ellos y eso que viven y que guardan. Los personajes de Magela, así como sus historias, viven ese secretismo porque nadie sabe quiénes realmente somos y a veces a nosotros mismos nos cuesta entender quiénes somos.

Pero es en “La composición de la sal”, el cuento que le da nombre al libro, que eso que no se dice, que se insinúa, nos permite entender la maestría de esta escritora, a la que Silvina Freira, de Página 12, ha definido como una mezcla entre Alice Munro, Antón Chéjov y Silvina Ocampo. Un hombre ya grande, anciano, con nietos, no puede parar de llorar y no sabe por qué, cree entenderlo, sabemos que en momentos duros –como la muerte de un hijo pequeño– no ha llorado y que ahora, de golpe, no puede parar de hacerlo. Siente que algo le pasa, visita a médicos, le dicen que es normal, que no se preocupe. El hombre no quiere volverse débil ante los ojos de los demás, no puede, es un hombre. En su soledad cree encontrar una respuesta, la que todos hemos pensado a lo largo del relato: pero no, hay algo más, siempre hay algo más. Ese algo es lo que complejiza a los personajes y los convierte en construcciones reales. El título “La composición de la sal” hace referencia a ese artefacto que nos podría hacer bien, a ese salto de fe, pero sobre todo a aquello microscópico, esos elementos que no son visibles con facilidad, pero que conforman un todo.

No es el iceberg de Hemingway, no.

Son superficies interminables que nos van dando más detalles de la vida, a medida que avanzamos en la lectura.

 

El sabor que esconde la sal
Por: Gary Daher

Magela Baudoin es autora de un libro que ha llamado “La composición de la sal”, mismo nombre con el que aparece uno de los catorce cuentos que hacen a esta propuesta literaria.

Y es sin duda una propuesta valiosa, ya que incorpora una voz distinta en el diálogo que se plantea en la narrativa boliviana, pues los cuentos que este libro presenta tienen en general una manera de narrar que guarda para sí, para la autora, otros relatos que no se dicen, que no se hablan, a la manera quizás del poeta José Carlos Becerra.

Escuchamos por unos instantes a Becerra para crear el ambiente:
Esta noche hay algo tuyo sin mí aquí presente,
y tus manos están abiertas donde no me conoces.
Y eso me pertenece ahora;
la visión de esa mano tendida como se deja el mundo que la noche no tuvo.
Tu mano entregada a mí como una
adopción de las sombras.

Diremos además que los cuentos parecen emerger de historias reales, relatos verídicos que parecen deformados para ocultar cosas que acaso se dicen sin decir, se dicen para sí misma, para la autora, sin transmitirse, apenas sugiriendo líneas, creando en el lector un sentimiento de cierta angustia que hace a la esencia misma de los cuentos que, como la sal, ocultan el sabor esencial de los alimentos.

La prosa de Magela Baudoin corre líquida, clara, como si intentara lavar un universo psicológico terrible hecho de memorias.

En muchos de los relatos, elementos como la enfermedad, la muerte, la soledad, son dichos como rasgos de la fragilidad de la vida que sin embargo se levanta, a sabiendas de su pronto derrumbe, por amor a otro. Mientras la magia (o hechicería, según) interviene, pero de una manera apenas sugerente, o como el dibujo de un mundo incomprensible.

El niño es un personaje constante en los cuentos de este libro. Pues aquí los niños se presentan en toda su impotencia de niños, en su fantasía de niños limitada a su mundo de niños. Aquí, maravillosamente, los niños son niños, con toda su fragilidad, con todo el infierno que significa ser niños en un mundo de adultos difícil de alcanzar o descifrar.

En los cuentos descubrimos que Magela Baudoin utiliza las descripciones detalladas, ya sea de vestidos, comida, u otros, descripciones que en lugar de aterrizar en la realidad, nos dibujan un escenario de híper realidad, que parece permanecer en todo momento.

No se puede obviar el hecho de que este libro está escrito por una mujer, quiero decir escrito desde su mundo, un mundo que conoce y reconoce en cada relato. En Amor a primera vista encontramos la  relación asimétrica donde el personaje varón se ve atrapado en las demandas de la mujer, que lo empujan a vivir juntos, no por el deseo mismo de hacerlo, sino obedeciendo a un objeto del deseo, que no es erótico, sino material, en este caso un departamento. Así, el varón se deja enredar en la situación como una mosca en la telaraña.

Algo para cenar es una alucinante historia de narcotráfico, vista desde la mirada cotidiana de una familia de barrio, de mujer sola que cría seis hijos.

La mujer se presta dinero para los trámites que resultan de un accidente provocado por el hijo, que es un niño. Accidente gracias al cual descubren droga en el automóvil del padrastro del amigo. El dinero parece cuantioso, y suena como una carga que la familia tiene que llevar por mucho tiempo.

El planteamiento del cuento tiene un cariz sociológico que no puede dejarse de lado. En el relato, los personajes de la familia no tienen nombre. Empiezan a tener nombre los extraños.

Magnifica la escena en la que la madre, acostumbrada a fustigar con chinelazos, no castiga al hijo, pero le hace notar su pecado. El chico llora, mientras “El calor ahogaba como a las mujeres el luto bajo el sol.”, dejando ver el aliento a poesía de algunos momentos de la narración.

Otro cuento que quiero aquí resaltar para el apetito es La noche del estreno.

El propietario de la lavandería es un personaje anodino que podemos transformarlo en símbolo del hombre moderno, en medio de máquinas, cuyo ruido monótono y persistente le sirven para imaginar el mundo de la puesta en escena.

Hijo de una modista encomendada del vestuario de las artistas de ópera, y un padre electricista encargado de reparar e instalar las luces de los principales teatros de Buenos Aires, guarda como un tesoro, tesoro tratado como objeto del deseo, con el que juega todas las noches, un modelo en cartón de una puesta en escena de la ópera Carmen de Bizet, que aquí podríamos tomar como símbolo de la cultura.

Mientras que de la madre: “Él había aprendido de ella que para materializar la esencia de cada personaje, era necesario un vestuario, una segunda piel que hiciera creíble la ilusión.”

En alguna lectura uno podría recibir subliminarmente que estamos interpelando a la cultura como algo que se pone en escena con una instalación que hiciera creíble la ilusión. La cultura como una ilusión, pues más allá de ella, de su propuesta, está el personaje viviendo sus angustias y su mundo oprimido.

Resulta en este cuento que el único cuerpo deseado es el cuerpo de la artista que interpretaría Carmen de Bizet, quien probablemente en la adolescencia del personaje lo habría obligado a un beso.

El mundo que propone Magela Baudoin es un mundo de obsesiones no resueltas, de fantasías equivocadas. Un laberinto sin salida, pues la puerta que parece ser el éxito, fracasa, salvando acaso al personaje de un desastre mayor. Mundo que plantea al lector una visión sin solución concreta, que lo mantiene en vilo, sujeto a la historia, aun mucho después de haberse concluido la lectura.

En La composición de la sal ocurre un salto mágico, el personaje al alcanzar la vejez, contra lo que él mismo había esperado de esta etapa de la vida, resulta transformado en un ser tan sensible que es imposible de proteger: el llanto es el resultado de toda interacción con el mundo. Ese viaje insoportable que concluye con un baño de sal que no deja de ser una sugerencia de suicidio, la muerte como liberación. Y cuando el lector curioso quiere encontrar una cifra para el libro, ya que este cuento es el que le da nombre, la respuesta es poética, es decir, abierta, asentando que el lector debe también leer en su interior las líneas personales para completar los cuentos.

En general, la trama de los textos nos lleva a la sensación de que algo se encuentra a punto de derrumbarse. Como en Gourmet donde se instala una pintura psicológica penetrante. El proceso de la pareja donde él ha construido el escenario, y ella desarrolla su inestabilidad emocional, que él tiene que soportar y aliviar. “Manuel siempre había admirado esa capacidad suya de procurarse seguridad y afecto, mostrándose indefensa y un poco caótica para la vida, algo que de manera infalible siempre era atrayente. La miraba y respiraba tranquilo porque estaban a salvo. Al menos por esa noche.” 

Puede que Un reloj. Una pelota. Un café, relato con el que se cierra el libro, sea el extracto de las temáticas de Magela Baudoin. El escenario del niño a punto de romperse en mil pedazos, la madre enferma, que no se ve, pero que el lector imagina pronta a morir, el abuelo, que recreamos en una edad de últimos días, el niño mismo que sufre un defecto en la pierna a causa de la poliomielitis, pero antes, la fragilidad de la vida que se levanta por amor a otro. Ejercitado esto en una prosa contundente, precisa, totalmente cinematográfica: “Cuando el viejo echó a andar el motor del gran volvo verde, año 1933, que ambos cuidaban con esmero, el chico comenzó a correr tras él pateando la pelota, primero torpemente y luego con todas sus fuerzas, formando con su respiración nubes de vaho en el aire frío”.

Mayo 2014

Magela Baudoin

Bolivia, 1973.
Periodista, escritora y profesora universitaria.

A lo largo de sus 20 años de carrera periodística, ha publicado artículos, reportajes, entrevistas y columnas en diversos diarios, semanarios y revistas de Bolivia como La RazónLa Prensa o Nueva Crónica.Posee una maestría en Comunicación Periodística, Institucional y Empresarial y una especialización en Comunicación Corporativa. Ha sido fundadora y coordinadora del programa de Escritura Creativa de la Universidad Privada de Santa Cruz.

En su primer libro, Mujeres de costado (Plural, 2010) reúne entrevistas a mujeres controversiales bolivianas, en las que mezcla recursos periodísticos y literarios. Con El sonido de la H (Santillana, 2015), ganó el XVI Premio Nacional de Novela Alfaguara en 2014, y con La composición de la sal (Plural, 2014) recibió el Premio Iberoamericano de Cuento Gabriel García Márquez 2015.