Otros ojos

Otros ojos
Camila Charry Noriega
p.p 71
2014

Contraportada

Como el perro que presiente lo invisible pero está atado a lo visible; como vacas que al pastar y rumiar creen destejer su destino o el escorpión que danza con la muerte en una agonía silenciosa que solo él ve; cual colibrí y su ansía de flores rojas y ebrias o una mosca con su tonto divagar entre la mesa, la ventana y la tarde; o, en fin, como la gaviota muerta en cuyos ojos de agua / se fragmenta el mar: así nos hallamos (y nos perdemos), fragmentados en los raptos que son estos poemas-parpadeos frágiles y a la par poderosos-, a menudo nimbados de fábula, en que los animales, las hojas, el mar o la mañana son alegorías que nos permiten mirarnos (y mirar) con otros ojos y decir del mundo con otro alfabeto, su alfabeto, hasta descubrir una luz otra, otra constelación, que revierte nuestro centro a su decir primero.

Solo entonces se hace posible mirarnos desde nuestros propios ojos y nombrar con una plabra nueva, despojada, descalza, la tierra cuya lengua lamerá nuestro vientre y nos vaciará de memoria, esa voz áspera y lejana que nos parte, las rocas que nos crecen en el centro, la casa que se desploma a las seis y la madre que corta el tomate y la cebolla esperando una aparición.

Esa aparición, de la mano de Camila Charry Noriega, resulta ser la poesía, palabra que aletea y quiebra el triste sonido de la espera, memoria que honra lo poco del mundo que de verdad nos apremia, sangre que traza rutas de regreso a la herida de la que nuestro cuerpo es cicatriz. Solo basta con cerrar los ojos / para descubrir esa palabra / que adentro arde; esa voz que nos traspasa como va diciéndose la luz entre árboles, soplo que nos ronda, apenas aroma de un asombro esencial.

Gabriel Chávez Casazola