Rosa desbocada de Ana María Iza

Rosa desbocada
Ana María Iza
p.p 168
2017

Rosa desbocada de Ana María Iza
Por: Catalina Sojos

La carta que inicia este libro es un golpe, como los golpes de Vallejo. Urgente, despiadada, suplicante y cierta, con la certeza que conmina la premonición de la muerte, Ana María insiste en su grafía con un portazo hacia la vida.

Y ya que el ejercicio de la lectura no es nada más que un placer individual y subjetivo, nos acercamos a esta puerta, como cuando nos guiamos por la luz en la semioscuridad de una gigantesca catedral.

Esa sensación aterida de la puerta entreabierta. Ese caminar en puntillas sobre el silencio. Ese presentir el murmullo de las bocas abiertas y ese sospechar la fragancia de las rosas, más allá del ojo de la cerradura.

Hacemos intentos de separar la vida de la obra y dejar atrás la cantidad de anécdotas que quedan enraizadas en la memoria. Con esas raíces de la nube negra que canta Joaquín Sabina cuando, en estos despiadados días, recibimos, cotidianamente, noticias de la muerte. Hacemos hincapié en distraernos de la primera fila, del asiento de vagón que nos espera. Volvemos nuevamente a disfrazar las voces del pasado, cuando Ana María llegó como un tsunami a nuestra poesía.

Y no lo logramos. Sin embargo, guardamos silencio sobre nuestros íntimos recuerdos y continuamos con la lectura de un prólogo, escrito desde el corazón del amigo, que no logra acallar su dolor y escribe como un susurro y describe como un grito su experiencia personal con la Poeta.

Aquella que temía el mar y soñaba con olas gigantescas, que inventaba pañuelos y metáforas, la misma que se metía en nuestra voz y nos obligaba a recitar sus textos, la mujer que pulía su corazón entre las piedras y a la que hacíamos un intertexto como homenaje en nuestra poesía; la Maestra de los inicios, la que obligaba a abrir ventanas y miradas, la que hoy regresa para conminarnos a leer su poesía. Y no necesita hacerlo.

Porque ella vivió en Poesía. Porque fue amada por la Maga, la hechicera. Porque acercarse a todos y cada uno de sus versos, línea a línea, es descubrir el núcleo de su existencia.

“No me busques me decía un gran poeta, me encontrarás en cada libro escrito de mi puño y letra”

Así, con el puño cerrado ante su propia vida, Ana María escribe desde el éxtasis de vivir. Cada texto es una rosa desbocada. Una explosión de pétalos.

Todo requiere a su palabra. Lo cotidiano y fugaz, el borrador de la escuela, una funda de papel, la refrigeradora, es decir todo aquello que hace de nosotros la evidencia falaz de nuestro paso. El fraude entre dos puertas.

AQUEL/ Daba ganas de morderlo y lo mordían/ mis dientes futuros cazadores/encajada en su blancura la delicia/de saciar en su piel mis travesuras.

Como aquel no decía ni pio/feroz le atacaba/en mi memoria desde siempre vive/desnudo/blanco/mi borrador de queso de primer grado/y mis dientes de leche abatidos/ a dentelladas.

La despiadada ternura, el erotismo y la ironía. Hitos en la poesía de Ana María.

línea a línea, verso a verso.

mis dientes de leche/ abatidos a dentelladas. Blanca, pura, dura, cada palabra define la infancia.

Y la poeta ensaya su escritura “con una verde hoja, clavada en mi garganta”   esa lanza que la obliga a toser permanentemente.

Y nuevamente su letra angulosa sobre el papel de escuela, sobre la agenda de su cama. Otra vez las fotos escaneadas de su agonía.

“…/en orgía feroz las letras danzan…/”

Los viajes, los regresos, los extrañamientos de “las montañas cobrizas, los cordeles del viento percudidos/ y las calles torcidas en el alma”

Tenaz y precisa, la poesía de Ana María Iza mantiene su ritmo, ese implacable trajinar sobre el texto en la búsqueda de la palabra exacta; aquella que no existe.

Y una vez más la parodia; la caricatura, el humor y el sarcasmo.

PRODIGIOS “/…existen masteradas/las Harvard/los prodigios/Pero yo encontré /el secreto de convertir el oro en agua/Solicito mi reconocimiento/ la patente, por la futura inundación/mañana…/”

“La memoria da contexto a lo que somos y a lo que vemos” asegura Alberto Manguel así, en este libro no faltan las fotografías, los amigos más cercanos, los viajes, los testimonios de aquellos que la amaron.

Obviamente callamos y no aparecemos otros. Esos que, igualmente, la seguimos, la leímos y estudiamos.

La mayor locura es desaparecer de la mesa del sombrerero loco. Ese convite en el que Alicia y su País de Maravillas se evaporan en la poesía. Desde nuestro cancel en la estantería invisible, seguimos disfrutando y exorcizando su lectura.

Definitivamente este libro póstumo de la amiga Poeta es una joya. Esa poesía que reverdece con cada repaso de sus textos. 166 páginas espejos y reflejos de aquella que amó y que nos hizo legatarios del viento.

“…/ porque soy la heredera de la nieve y el frío/ aprendí a hacer hogueras frotando mi corazón entre las piedras…/

Concluimos: hace algunos años, en el prólogo a su antología poética publicada en la Casa de la Cultura Ecuatoriana en la colección Poesía Junta, afirmamos:

“La poesía de esta mujer asombra, por su capacidad y dureza simbiótica, porque sus versos rotos y vivos quebrados e íntimos, advienen a la lectura con una carga humana poderosa”…/ cada libro tiene un designio: el conjunto de la obra de un poeta debe poseerlo y parece ser que el designio de la poesía de Ana María Iza es traspasar los límites del fuego en las palabras”

Incandescente con esa luz quemante del vacío, su poesía nos obliga a deshojar, junto a Lorca, sus “labios como pétalos” de su rosa desbocada.

Selección de poesía

La maleta

Nunca amé más a una maleta:
abrazadas las dos tras un armario
con miedo a que despierten en la pared los retratos
raros;
parecíamos dos niñas pequeñitas
aturdidas de susto y sobresalto

Ella
al fondo descosida
yo
los labios apretados

Ella
una mota de polvo en la mejilla
de su cutis de raso

¿dónde andará ahora mi maleta…
hoy que tengo de nuevo los labios apretados…?

Dejémonos de pailas

Ya no tengamos miedo
La verdad es sencilla
Limpia como una tabla
Nuestro único destino seguro es el infierno.

Allí es la inacción
ahí no existen llamas ni pailas de dolor.
El insomnio termina
Ahí todo es silencio
El frío escampa
Vence el olvido
El odio, el amor han perecido
El proyecto se fue
Llegó la calma

Es nuestra última casa
Donde alguien puso una rosa
y el viento, que pasaba muy lento, deshojó.

¡Rosas!

Las quiero en el jardín no en los jarrones.
Rojas de rabia si un espino las hinca.

Bebedoras del cáliz.
No las acepto mudas
estáticas,
en espera que el viento las sacuda.
las grite
Pero tal vez las noches se vuelven periodistas

Dinámicas
audaces
en las primeras planas del cosmos
publican los motines.

De todos modos en vez de rosas
Prefiero chocolates rellenos de vodka

¡Gracias!

La copa

Al fondo de la copa
cristal de otro labrado
cereza enmascarada
el hielo como luz.

Brilla la piedra abstracta
Burbuja de algún sueño.

Ex- brillo
rastro sin rostro
retrato en negro y negro
recuerdo intrascendente
común hasta el olvido.

Al fondo de la copa:
Yo.