Sed de vida

Sed de vida
Laura Calvache Saltos
p.p 71
2017

Cronista de sus éxodos y destinos, Laura Calvache transita por los raíles del tiempo y la memoria. Superponiéndose a las palabras en el plano de la interiorización de quien ha viajado en la existencia, para escribirla. Con garbo y aplomo, imperante cadencia en el ritmo poético; los cuatro cuadernos que fundan este libro confrontan al lector a resinificarse, a bucear en los conjuntos de la sensibilidad y el añejo recuerdo de lo perdido. La voz poética se presenta en la pujanza de la sublimación antepasada, tal como nos refiere la poeta: Hace muchos años ya / cuando era joven / solía amanecer / sin prisa / y el abismo de vivir / no era mi sombra.

Diligentes significantes y el desplazamiento de significados hacen de este poemario, bella sentencia para quien lo lee. Variopintas significaciones que solo la poesía extiende a quienes anhelan sed de vida.

Un poemario para leerse y concebir que la poesía, a veces, se suspende en el tiempo para caminar.

Christian Zurita Estrella

En toda su obra hay una dignidad esencial: desde la paz soberana de la onomatopeya, busca una empatía radical con los derechos humanos. Se concede el privilegio de bastarse a sí misma, enfrentándose a los nuevos riesgos de la metafísica, asumiendo la angustia y la tensión de los “Tiempos del tiempo”.

Laura busca a la mujer que se hace cara a cara con la existencia: amor de intramundo, amación que viene desde siempre, exigiendo la plena libertad, como un clavel que muere de perfume, para existir en los valores renovaos de recuerdos con cueros y pasiones, de arena y sueños; de más allás, que ven sus hijos nacidos de la sabiduría de la carne y la palabra, de las amenazadas por el miedo y la fascinación. Todo un continente de retratos, de cosas y seres, para un contenido de mundialidad, donde se crean palabras urgentes y esperanzas que irán haciendo los caminos que deviene del inmenso y renovado misterio, que busca una substancia espiritual en la escritura y en la vida, eternas como el universo.

María Cobo Barona